Podemos concebir el hecho educativo como un binomio
inseparable: Educación-transformación social. Es decir, un proceso educativo
que va alimentado por la propia realidad y que ve su finalidad en la recomposición
de su entorno en miras a un sistema equilibrado que propicie el desarrollo
sustentable y armónico entre todos los seres que lo conforman.
Para un Educador su tarea educativa no se circunscribe
dentro de las paredes del aula, sino que se desarrolla ampliamente en la propia
comunidad que habita.
Educar para transformar, educar para trascender, educar para
reinventar, educar para recomponer. El trabajo generado en las comunidades
educativa persigue el desarrollo de las potencialidades individuales y
colectivas de todos los miembros de éstas. Es así que el docente asume un papel
social de promotor y aglutinador de esfuerzos que intentan mejorar –en todos
sentidos la calidad de vida de las personas y de salvaguardar el equilibrio en
el biosistema.
Un educador es una persona capaz de ver más allá del hecho
para adentrarse en las causas que lo originan. De analizar los factores
externos que inciden en la dinámica social vivida a nivel local, nacional y
mundial, a fin de desmenuzar pedagógicamente esta realidad y ponerla a
disposición de los educandos para generar conciencia crítica y acciones de
intervención.
Una escuela se convierte en escenario de diálogo y
reflexión, para hacer de cada momento educativo, un pretexto para el
empoderamiento y la organización colectivos.
Hoy más que nunca el educador, la educadora, asumen un
compromiso social ineludible: ser fermento de unidad, organización, conciencia
y acción para la transformación- desde la base- de nuestra nación, con
criterios sociales y de bien común .
Jac
Miravalles
Marzo 2015
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